miércoles, 4 de enero de 2012

6. Stop estigmatización, sí al reconocimiento.

La estigmatización que sufren las mujeres que ejercen la prostitución viene dada por la estructura patriarcal de nuestra sociedad que marca nuestros valores, la cual se posiciona como instrumento controlador de la sexualidad femenina, estigmatizando y calificando de putas a aquellas mujeres que destacan por no adaptarse al imaginario de “mujer buena”. Por tanto, la prostituta representa en la conciencia colectiva y, más aún en la femenina, lo prohibido; simbólicamente habría un límite que una mujer nunca puede traspasar si no quiere que se la considere indigna.

A las prostitutas se las considera “mujeres malas” porque manifiestan su sexualidad abiertamente, sin reparos, del mismo modo que lo hacen los hombres, afirmando que la tienen, que pueden disfrutar de ella e incitando a los hombres y por la independencia económica y sexual que proporciona ser trabajadora sexual, lo que provoca una ruptura de la estructura patriarcal. También se les asigna esa calificación porque tienen libertad de negociar tanto el servicio que van a prestar como el precio por él (una vez más, la libertad organizativa de la mujer rompe ciertos patrones de la sociedad patriarcal); porque son transgresoras pues incumplen y rechazan las normas y valores impuestos que se supone que deben cumplir las mujeres.

Sin embargo, lo que más se castiga, tanto simbólicamente como materialmente, es el hecho de que perciban dinero por mantener relaciones sexuales. Se entiende que la mujer siempre ha de estar dispuesta ante la reclamación sexual del varón. Por tanto, la fijación de una cantidad económica  fijada previamente de forma libre, rompe con el rol patriarcal pues cuestiona su propia estructura.

Si consideramos que las mujeres que ejercen la prostitución son trabajadoras sexuales, debemos eliminar la figura de puta como eje identitario de las mismas, ya que es una variable más, puesto que no sólo son trabajadoras sexuales, sino que también madres, ciudadanas, hermanas, etc. Este estigma implica que se sitúen en una posición de marginalidad y juicios de valor por parte de la sociedad, evitando. De esta manera, se les niega el reconocimiento como trabajadoras y como ciudadanas. Es necesario eliminar la criminalización de la actividad, ya que esta cuestión solo provoca una continua persecución y la precarización de sus condiciones.

Manifiesto por los derechos de las prostitutas.

El ejercicio de la prostitución, en nuestro país, no constituye un delito. Pero quienes la ejercen, paradójicamente, no tienen reconocidos sus derechos. Más aún, en ciudades como Madrid y Barcelona, están siendo acosadas y hostigadas por Planes y Ordenanzas especiales de ambos ayuntamientos. A las prostituidas que captan su clientela en la calle y que son el sector más vulnerables de ellas se les están negando derechos elementales como el de circular libremente o el respeto a su dignidad, empeorando aún más su situación.


Trabajadoras sexuales exigen respeto a sus derechos humanos.


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